LA CÚRCUMA  

21 DIC.

Foto | Nora Zubia @noriisima

¿Cúr qué? ¿Cúrcuma? ¿De qué demonios me estás hablando? ¿Pero qué es eso? Esta fue mi reacción cuando la otra mitad de Jaque al cáncer me mencionó tal palabro hace cosa de año y medio. Atónita me quedé. Puede ser que tal perplejidad se debiera a mi incultura en cuanto a especias culinarias. No lo sé. La verdad es que el mundo de la cocina nunca me ha apasionado. Sin embargo desde que sé todo lo que sé sobre lo mucho que tiene que ver la alimentación en nuestro correcto funcionamiento interno, mi interés ha ido in crescendo y me estoy volviendo incluso una cocinillas (lo digo con la boca pequeña eso sí, pero, ¡todo se andará! 🙂 ). En cambio, mi socia siempre ha sido la mar de apañada en los fogones. Y por causas de la vida, siempre me ha llevado la delantera en estos menesteres de hábitos alimenticios sanos. Y así fue como yo conocí a la cúrcuma

La cúrcuma es una especia muy utilizada en la cocina hindú. De hecho es el componente culpable de que el curry tenga ese color amarillo tan característico. Y este componente, amigas y amigos, tiene unos poderes más que estupendos. Sus propiedades son tan tan tan beneficiosas que en el mundillo se la conoce como “el oro en polvo”. Es uno de los mayores antinflamatorios que existen y sus propiedades anticancerígenas son alucinantes. Su sabor es raro, medio amargo, medio picante y hay que hacerse a él. Pero con el tiempo hasta gustillo le coge uno. Su versatilidad es alucinante además. Tanto sirve para especiar un guiso o una crema de verduras, o puede ser un ingrediente más de nuestros zumos y tés.

Los poderes mágicos anticancerígenos de la cúrcuma son gracias a la curcumina, un potente agente antitumoral que es capaz de inhibir el crecimiento de todas las células tumorales. Hay estudios al respecto llevados a cabo con ratones cuyos resultados asombran a cualquiera.

¿Cuáles son las principales propiedades de la cúrcuma en relación con el cáncer?:

  • Reduce la inflamación alrededor del tumor
  • Reduce el dolor ocasionado por las dichosas metástasis.
  • Frena la progresión de las metástasis.
  • Induce a la autolisis de las células tumorales.
  • Previene el daño que producen los radicales libres sobre el ADN (dicho de otro modo, es antioxidante).
  • Estimula el sistema inmune, ayuda a nuestro ejército particular a luchar contra los enemigos.
  • Potencia la actividad y por tanto los resultados de la quimioterapia y de la radioterapia.
  • Protege a nuestras mucosas, a nuestro hígado y a nuestros riñones de la quimioterapia (ya sabemos que la quimio acaba con lo malo y lo bueno de nuestro organismo).

El caso es que sus efectos no son solo positivos en personas con cáncer, mirad:

  • Previene y combate los dolores causados en enfermedades como la artrosis, la artritis, el reuma, etc., evidentemente, gracias a su poder antiinflamatorio.
  • Previene enfermedades cardiovasculares.
  • Previene el párkinson y el alzhéimer.
  • Tiene muchas propiedades digestivas: mejora la digestión, ayuda a abrir el apetito, reduce los efectos causados por las gastritis crónicas.
  • Es carminativa: ayuda a expulsar los gases del intestino, por lo que se recomienda a personas con meteorismo y flatulencia.
  • Es una excelente protectora del hígado.
  • Ayuda a eliminar las piedras de la vesícula.
  • Es un antidepresivo natural y atenúa las consecuencias fisiológicas del estrés.

Para un consumo adecuado y óptimo de la cúrcuma tengamos en cuenta que:

  • Para que nuestro intestino sea capaz de absorberla correctamente, debemos mezclarla con una pizca de pimienta negra y un poco de aceite de oliva virgen extra o aceite de lino. Así pues, si preparamos un guiso, una crema de verduras, un arroz, un potaje… No nos olvidemos de cocinarlos con pimienta negra y aceite de oliva, añadiendo la cúrcuma molida durante los últimos tres minutos para que no pierda sus propiedades durante las cocciones.
  • La eficacia de la cúrcuma aumenta si se toma junto al té verde.
  • Si tenemos cáncer, nuestra dosis diaria debería ser de unos 3 gramos cada 8 horas.
  • Si no tenemos cáncer, lo ideal sería consumir unos 5 gramos diarios (lo que equivale a una cucharadita de café).
  • La cúrcuma puede interferir en los niveles de INR, en las personas que estén a tratamiento con anticoagulantes (por ejemplo, el sintrón) y aumentar el riesgo de sangrado.

 

 

           

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