¿CUECES O ENRIQUECES?

CUECES O ENRIQUECES

Foto | Nora Zubia @slowandchic

Cuando uno comienza a adquirir unos hábitos de vida más saludables e intenta aplicarlos en su día a día, se suele atravesar por un periodo de adaptación que no va exento de caos y agobios. Caos porque a veces uno no sabe ni por dónde empezar y entonces nos liamos. Y agobios porque cuando decides cambiar tu estilo de vida y estás tan convencido de ello, desearías que todo fluyera ya con todos esos cambios incorporados que te has marcado.

Pero como todo en la vida, esta etapa pasa y desaparece. Y entonces van llegando etapas nuevas. Etapas que, si has ido llevando una trayectoria más o menos consciente y uniforme, serán de afianzamiento de conocimientos, de estabilidad en todos los sentidos y de crecimientos -sí, ¡más crecimiento! – añadidos. Y precisamente, en eso de crecimientos añadidos nos vamos a centrar hoy.

Os contamos nuestra experiencia respecto a esto. Cuando comenzamos a llevar unos hábitos alimenticios más saludables, nos íbamos limitando “a pautas que ya veíamos estaban marcadas por otros”. No nos atrevíamos a improvisar. Si la receta de hummus de la doctora Odile decía media cucharadita de cúrcuma… No íbamos a ser nosotras las que le llevásemos la contraria 😉. Y entonces, añadíamos solo esa media cucharadita de cúrcuma.

Hoy, tras ya más de tres años en este camino, funcionamos de manera diferente. Nuestros conocimientos, tanto teóricos como prácticos, son otros, y eso nos da alas para volar de otra manera. En esa libertad que el saber y la experiencia te dan, hemos aprendido -entre otras muchas cosas- que en la cocina la cosa puede ir “de cocer” o puede ir de “enriquecer”. La primera opción se limita a cocinar, a hacer cosas ricas, que, aunque saludables, no contienen ninguna otra intención. La segunda opción va más allá, y pretende, no solo cocinar y hacer cosas ricas y sanas, sino enriquecerlas siempre de algún modo (de ahí que el otro día en redes anunciásemos nuestra receta de gazpacho como una receta de gazpacho *enriquecida). Puede que muchos de vosotros penséis que esto es una tontería, que además de ser algo que cae de cajón, es algo que vosotros lleváis mucho tiempo haciendo… Sin embargo, pensamos que, como nosotras, habrá otros de vosotros que no hayáis caído en esto. Y, por eso, nos hemos decidido a escribir este post. Ya sabéis que nuestro objetivo es AYUDAR a que suméis puntos extra en este camino. Y la teoría y puesta en práctica de este post, cumple con este objetivo… ¡con creces!

¿Qué hacemos nosotras para enriquecer nuestros platos? Os damos algunos ejemplos que quizás os inspiren de algún modo:

  • Cremas de verduras. Prepararlas siempre con una buena base de ajo y cebolla. Si hace años les echábamos un diente de ajo y media cebolla (a veces por comodidad y pereza ni siquiera eso). Ahora les echamos dos dientes y una cebolla grande entera. Diga lo que diga la receta. Además, solemos utilizar cebolla morada, que cuenta con aún más propiedades que otro tipo de cebollas. Con estos simples gestos, enriquecemos su base.
  • Gazpachos. Ya lo decíamos líneas más arriba y quienes leísteis la receta el otro día lo visteis: cebolla morada, vinagre de manzana, sal rosa, pan de centeno, son esos pequeños detalles que hacen que el gazpacho de siempre sea aún más nutritivo. Lo enriquecemos sin grandes esfuerzos añadidos. Y voilà, tenemos nuestra propia receta de gazpacho 😉.
  • Guisos de legumbres. La receta que solíamos hacer y que nos inspiró la sacamos del libro de la Thermomix (se llama literalmente “Guiso de garbanzos”). Sobra decir que al ser el garbanzo el ingrediente estrella, es una receta interesantísima nutricionalmente hablando. Nosotras la comenzamos a hacer tal cual. Luego probamos a hacerla con otras legumbres para tener más variedad… ¡hasta con azukis la hemos llegado a hacer! En cuanto a los ingredientes y al proceso, hay un paso en el que se prepara la salsa que dicho guiso llevará. La salsa consta básicamente de un poco de salsa de tomate, agua y unas cucharadas de los mismos garbanzos: se junta todo y se tritura. Nosotras la enriquecemos triturando en esa misma salsa algún añadido como la zanahoria cocida que pulula por allí y con la que habíamos cocido previamente las legumbres o incluso un poco de alga kombu que también utilizamos para agilizar la cocción de dichas legumbres, o incluso le echamos a veces alguna seta o champiñón. ¡Ah! Y por supuesto, el toque de cúrcuma. Todas nuestras legumbres las coronamos con ese gran aliado de la salud, una pizca de cúrcuma en los últimos momentos de cocción de este tipo de platos suma muchísimos puntos. Y así tenemos otra receta tremendamente enriquecida.
  • Salsas y sofritos. Todo tipo de ingredientes pueden formar parte de los cientos de salsas o sofritos que realizamos en nuestras cocinas. Por ejemplo, hace poco, hicimos una receta de pescado con salsa de langostinos. En aquel momento, uno de nuestros peques andaba que si sí, que si no, pillaba un trancazo… Queríamos cocinar sano y rico, pero también estimular lo más posible su sistema inmune, así que picamos un champiñón y lo camuflamos en aquella salsa. Nadie se dio cuenta, y seguro que estimulamos su sistema inmune, aunque fuera un poquito. Otro ejemplo, cuando hacemos salsa de tomate: usamos cebolla morada y, nuevamente, al final del proceso, esa pizca de cúrcuma, que el paladar no aprecia, pero si nuestra salud.
  • Guisos de carnes blancas. Antes optábamos por recetas sin verduras por eso de que a los niños no les iban mucho. Ahora, ya hay muchas que sí comen. Pero otras no. El caso es que ahora enriquecemos siempre los platos con ellas. Por ejemplo, ante un guiso de pollo, ahora siempre, sofreímos mucha cebolla, mucho ajo, y todo tipo de verduras, las que tengamos por casa… Y esa es la base de todas las recetas de este tipo, aunque luego la receta tenga matices diferentes, siempre partimos de esa base, porque, aunque no se coman las verduras, si el pollo está cocinado en ese mismo sofrito, muchas de las vitaminas de esas verduras, se quedarán también en el pollo o el conejo. ¡Y además le da un sabor estupendo!

Ojalá y estos ejemplos os ayuden de algún modo y os inspiren no solo a cocer, sino también a enriquecer 😉 .

¡Gracias por leernos!

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