LA MIEL

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¡Ay la miel! ¡Bendito placer de la bendita naturaleza! Ya estábamos tardando en dedicarle un post a este alimento estrella de la vida natural. En nuestro día a día, desde que desterramos al azúcar, la miel ha pasado a ocupar un lugar preferente en las estanterías de nuestras cocinas. Muchas veces recurrimos a ella para endulzar nuestros postres caseros, teniendo en cuenta que su poder endulzante es mayor que el del azúcar. Aunque, eso sí, siempre con moderación y con consciencia. Convertirse en Winnie The Pooh con su loca adicción por la miel nunca fue una opción 😉. ¿Por qué? Pues porque contiene fructosa y glucosa en un 80%, lo que se traduce en un IG elevado. ¿La excepción? La miel de acacia tiene un IG bajo y por tanto es la miel aconsejada si necesitamos mantener nuestro IG a rayapersonas diabéticas, esto va sobre todo por vosotras (bueno, y personas que tienen o han tenido cáncer más de lo mismo, pues ya sabéis que vuestra tendencia de azúcar en sangre suele estar al alza).  Sigue leyendo

ENDULZANTES: EL RETO DE PILAR Y VARIAS RESPUESTAS

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Foto | Nora Zubia @slowandchic

¡Hola! El post de ayer generó alguna que otra duda respecto a los endulzantes. Incluso una seguidora nos propuso un reto. Y como a nosotras lo de los retos nos fascina… nos hemos puesto manos a la obra y el resultado han sido una serie de datos que hemos pensado os podrían interesar a más de uno. Así que, aquí estamos. Improvisando una especie de post-respuesta. Ojalá y os resulte útil y ojalá y cumpla las expectativas de “la retadora” en cuestión 🙂 . Sigue leyendo

LAS ALGAS

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Foto | Nora Zubia @noriisima

Os voy a confesar algo que prácticamente nadie sabe porque son de esas cosas que uno se suele guardar para uno mismo. Soy bastante escrupulosa con determinadas cosas. Por ejemplo, con las toallas de los baños ajenos. Incluso en las casas de mis mejores amigas intento secarme con papel, o, en su defecto, al aire. Son de esas manías que una no puede evitar. Y ojo, no porque las toallas de mis amigas estén sucias :), sino porque a una le salen esos ramalazos y… ¡qué se le va a hacer! De niña, creo que lo era aún más. En eso salí a mi madre, no a mi padre. Aún recuerdo tardes de playa con mi hermana y mis primas, escapando de mi padre que se dedicaba a colocarse algas en la cabeza cual sombreros estrafalarios para luego intentar hacer lo mismo en nuestras cabezas. A mí –bueno, y creo que a las demás también- nos daba aquello un asco tremendo… Sigue leyendo