EL TÉ VERDE

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Foto | Frans Schouwenburg

¿Sabíais qué la población asiática tiene un registro de casos de cáncer mucho menor que la población europea? Son muchos los factores que provocan este dato. Probablemente el hecho de que, junto con el agua, el té sea la bebida más consumida en los países asiáticos, tenga mucho que ver: numerosos estudios han asociado el consumo regular de té verde con una mayor longevidad y con unas tasas de cáncer mucho menores.

Existen muchos tipos de tés, pero nosotras nos vamos a centrar en el té verde. Sus excelentes propiedades medicinales lo convierten en un tesoro para nuestra salud. Además de ser rico en antioxidantes, es una excelente fuente de catequinas y de moléculas anticáncer que lo tornan prácticamente imprescindible a la hora de prevenir el cáncer.

Hay infinitas variedades de té verde. El Sencha japonés es el que contiene un mayor número de catequinas, capaces de proteger frente a la leucemia y frente al cáncer de mama, próstata, estómago, riñón y vejiga fundamentalmente.

A continuación os enumeramos todas las propiedades que el té verde esconde:

  • Actividad antiangiogénica. Nos previene del desarrollo de nuevos vasos y con ello la progresión de los tumores y la aparición de metástasis.
  • Capacidad antioxidante que nos protege del daño causado por lo radicales libres que pueden dar lugar a mutaciones celulares y a cáncer.
  • Capacidad antinflamatoria (recordemos que es muy importante no tener ninguna inflamación interna en nuestro cuerpo. El cáncer tiende a desarrollarse donde existe o ha existido una inflamación previa).
  • Diurético. Ayuda al riñón a eliminar restos tóxicos de la quimioterapia.
  • Estimula el sistema inmune.
  • Induce el suicidio de células tumorales.
  • Potencia el efecto de la quimioterapia y la radioterapia.

Consejos para preparar y consumir infusiones de té:

  •  El agua de la infusión nunca debe hervir. No debe alcanzar los 90º.
  • Para que el té libere el máximo de catequinas, debe dejarse infusionar entre 8 y 10 minutos.
  • Es mejor utilizar el té en hojas (a granel), en lugar de usar las típicas bolsitas comerciales. ¿Por qué? Pues porque a estas bolsas les suelen echar blanqueantes que podrían ser tóxicos. Además, el sabor que da la hierba a granel no es comparable con el sabor que se desprende de las bolsitas.
  • No debemos endulzarlo con azúcar, obviamente. Si lo queremos más dulce, utilizaremos algún endulzante natural. Tampoco debemos añadirle leche, ya que disminuye su capacidad antioxidante.
  • Es aconsejable tomarlo caliente y después de las comidas, ya que de otro modo, podría interferir en la absorción del hierro de los alimentos.
  • Es muy recomendable añadir en la taza o tetera un trocito de piel de limón o mandarina de producción ecológica y un palito de canela. Le aportan un sabor mucho más agradable además de desprender sustancias anticancerígenas añadidas.
  • Si tenemos cáncer, lo ideal es consumir entre 3 y 5 tazas al día.
  • Si queremos prevenir la enfermedad, podemos disminuir esta dosis. Lo ideal sería acostumbrarnos a su sabor, hasta tal punto que sustituyamos uno de nuestros cafés del día por una taza de té verde.

Qué, ¿te hemos convencido? ¿Va a ser a partir de ya el té verde una de tus bebidas de cabecera? 🙂

SISTEMA INMUNE

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Foto | Rodrigo Gutiérrez

Tal y como veíamos en el post titulado «entorno procáncer versus entorno anticáncer», este es uno de los factores que pueden propiciar ese odiado entorno procáncer. Vamos a explicar lo que esto significa para que todos entendamos su verdadera importancia.

Imaginemos por un momento que nuestro sistema inmune es como un ejército preparado para defendernos de posibles agresiones que pueden atacar a nuestro organismo: virus, bacterias, tóxicos etc. Cuanto más fuerte y preparado esté este ejército, mejor nos defenderá ¿acaso no? Pues contra el cáncer también nos defiende. Nos defiende para evitar su aparición, pero también nos defiende durante la enfermedad. Lo que significa, que aunque nos diagnostiquen cáncer, la importancia de tenerlo fuerte sigue siendo la misma. Nos ayudará a frenar su extensión, a frenar metástasis, a mantener a los tumores dormidos, a eliminar restos de actividad tumoral residual e incluso a sobrellevar mejor los tratamientos de quimio o radio.

Debemos tener siempre muy presente que las células cancerígenas harán lo imposible por “lastimar” a nuestro sistema inmune. ¿Cómo lo pueden conseguir? Liberando unos inmunopresores que acaban por inactivar el sistema inmune llegando incluso a bloquearlo.

Así pues, la conclusión a la que llegamos es tan clara como rotunda: el cáncer se desarrolla mayormente en personas cuyo sistema inmune está deprimido.

La pregunta del millón, ¿de qué depende qué nuestro sistema inmune esté débil o fuerte? Enumeramos a continuación los factores que lo tornan de un modo o de otro.

Sistema inmune deprimido:

  • Consumir grasas, azúcares y alimentos procesados de manera habitual.
  • Padecer estrés en nuestro día a día.
  • Sufrir sentimientos negativos constantemente (incertidumbre, tristeza, angustia, rencor…).
  • Soportar un aislamiento social importante.

Sistema inmune fuerte:

  • Alimentarnos de una manera sana y natural normalmente. (A lo largo del blog os iremos enseñando lo que esto significa: fruta, verdura, semillas, frutos secos, pescado azul, legumbres).
  • Estar en paz, calma y serenidad el mayor tiempo posible.
  • Experimentar sentimientos positivos habitualmente (alegría, buen talante, empatía…).
  • Practicar la meditación.
  • Realizar ejercicio físico.
  • Sentirnos queridos y apoyados por nuestros seres queridos.

Sabemos que la teoría es fácil, pero no la práctica. Pero todos hemos empezado de cero en algún momento, y, paso a paso, todo se puede ir consiguiendo. Nuestra propia experiencia personal habla. Creednos, y, ¡a por ello! 🙂

ENTORNO PROCÁNCER VERSUS ENTORNO ANTICÁNCER

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Foto | Alfredo

Ya hemos explicado qué es el cáncer. Y resumiendo, ¿a qué podríamos compararlo con una semilla qué crece y echa raíces en nuestro cuerpo? Pero entonces surge la pregunta del millón: ¿Lo hace en cualquier cuerpo? ¿Tiene más tendencia a desarrollarse en unos cuerpos qué en otros? ¿Se sabe algo al respecto? Pues sí, actualmente ya sabemos mucho sobre esto y, efectivamente, tiene más tendencia a desarrollarse en unos cuerpos que en otros. Normalmente esto se debe al “entorno en el que nuestro cuerpo vive”. Porque, esta enfermedad, amigos y amigas, no se siente “a gusto” en cualquier entorno. Hay ambientes en los que le cuesta más crecer y ambientes en los que crece con una facilidad pasmosa.

¿Y cuál sería un entorno anticáncer? El entorno que se genera cuando llevamos un estilo de vida saludable: alimentación sana, hábitos de vida correctos, estado anímico óptimo, etc. Aclarar que este entorno anticáncer puede incluso ser beneficioso en distintos puntos de la enfermedad. Es decir, aunque a mí ya me hayan detectado cáncer o incluso esté en plena quimio, no significa que ya no deba tender hacia un entorno anticáncer. Todo lo contrario. Todas las pautas y consejos al respecto ayudarán a potenciar los efectos de la quimio y a disminuir los efectos secundarios de la misma. Así pues, no hay que dudarlo, sea cual sea  el punto de la enfermedad en el que nos encontremos y sea cual sea nuestro estado de salud, luchemos siempre por conseguir ese estupendo entorno anticáncer.

¿Y cuál sería un entorno procáncer? Sería un entorno en el que destacan los siguientes factores:

  1.  Un sistema inmune deprimido.
  2. Un ambiente inflamatorio provocado por un balance incorrecto de omega 3/omega 6.
  3. Unos niveles elevados de glucosa.
  4. Un exceso de radicales libres y un estrés oxidativo.
  5. Angiogénesis.
  6. Una flora intestinal alterada.
  7. Alteraciones hormonales.
  8. Tóxicos ambientales.
  9. Acidez extracelular.
  10. Estrés y emociones negativas.
  11. Carga genética.

Como vemos, salvo en el caso de la carga genética, tenemos bazas para luchar contra todos estos factores. Si sabemos de qué se alimenta el cáncer y qué propicia su aparición y proliferación, intentemos acabar con esos factores y entonces la cosa irá mucho mejor. Si le quitamos al cáncer su alimento y sus armas, estaremos impidiendo en muchos casos tanto su aparición como su crecimiento.

Iremos publicando posts que expliquen estos once factores que acabamos de mencionar con detalle. Procuraremos hacerlo de un modo sencillo y conciso.

Así pues, el camino sigue, ¿continúas con nosotros? 🙂

LA ACUPUNTURA

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Foto |  Il·lustra c

Muchos de vosotros lo sabéis: tanto la enfermedad en sí como los tratamientos convencionales que ayudan a combatir el cáncer –radioterapia y quimioterapia- traen consigo un sinfín de efectos secundarios. Algunos son más comunes que otros, algunos son más llevaderos que otros, pero el caso es que casi nadie se libra de alguno de ellos en mayor o menor intensidad ¿a qué sí?

Pues bien, el caso es que podemos ayudar a nuestro cuerpo a sobrellevar dignamente estos efectos secundarios (vómitos, nauseas, fatiga, insomnio…) mediante medios naturales que, si bien puede darse el caso de que a nosotros en concreto no nos ayuden, mal tampoco nos harán.

La acupuntura es una terapia alternativa que suele funcionar y que puede ayudarnos en esto.

Además, lo que decimos siempre, incluso si no padeces cáncer, puede ayudarte a lidiar con otras circunstancias de tu vida.

Expliquemos primero que es esto de la acupuntura.

La acupuntura es un componente clave dentro de la medicina tradicional china. Consiste en la inserción de agujas finas en los puntos acupunturales de nuestro cuerpo. Según esta tradición, por nuestro organismo fluye energía a través de canales energéticos o meridianos. Estos canales o meridianos pueden presentar obstrucciones que impiden que la energía fluya correctamente. Y es precisamente ahí donde el acupuntor insertará las famosas agujas. Se supone que tratando esas obstrucciones y recuperando el flujo energético normal, estaremos de paso estimulando la inmunidad. Y esto es fundamental. (Es más, incluso hay estudios en ratas que indican que esta técnica aumenta la función inmunológica y disminuye la malignidad de las células del cáncer de mama).

A colación de esto, recordemos que el paciente con cáncer padece una doble inmunodepresión: por un lado está el hecho de que la quimio o la radio inmunodeprimen, puesto que no solo “matan” al cáncer, sino también a las «células buenas» del sistema inmunitario. Por otro lado, está la carga emocional y las grandes dosis de ansiedad que la enfermedad conlleva, unidas en muchas ocasiones, a una mala alimentación y a la falta de ejercicio.

Así que, resumiendo, esta doble inmunodepresión es en realidad un cóctel motolov que puede acabar con cualquiera. La acupunutura nos ayudará a luchar contra todo esto. Incluso, podrá ayudarnos a calmar los dolores causados por el cáncer.

Recordemos algunos de los efectos secundarios más comunes a los que una persona enferma de cáncer se enfrenta:

  • Dolores causados por: neuropatías, cicatrices, etc.
  • Dolores en el sistema esqueleto-muscular
  • Problemas digestivos: náuseas, vómitos, anorexia, diarrea, estreñimiento, etc.
  • Disfunciones endocrinas: sofocos, extremidades frías, disminución de la libido, etc.
  • Disfunciones hematológicas: reducción de glóbulos rojos en sangre y de linfocitos.
  • Trastornos mentales y cognitivos: ansiedad, depresión, insomnio, etc.

Antes de concluir, resaltemos que esta terapia es segura y efectiva siempre y cuando sea realizada por profesionales cualificados.